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ODS 2. Hambre cero

Poner fin al hambre

Actualmente, 690 millones de personas en el mundo padecen hambre; es decir el 8.9% de la población mundial. Cada año hay 10 millones más de personas pobres. Si estas tendencias continúan, el número de personas afectadas por el hambre superará los 840 millones para el año 2030. Esta realidad es alarmante, pues 150 millones de personas más podrían encontrarse en riesgo de padecer hambre debido a las consecuencias de la pandemia provocada por la Covid-19. Con estas cifras, es necesario actuar rápidamente desde todos los ámbitos y, por supuesto, desde la educación.


El ODS 2 tiene ocho metas, una de las cuales es poner fin a todas las formas de malnutrición de los niños menores de 5 años y abordar las necesidades de nutrición de las adolescentes, las mujeres embarazadas y lactantes, así como de las personas mayores. La finalidad de este ODS es eliminar el hambre y esto también está relacionado con cómo nos alimentamos y de dónde obtenemos los alimentos. Por tanto, esta problemática global nos incumbe a todas/os porque se trata de una necesidad básica de supervivencia.


Un mundo con hambre cero puede influir positivamente en nuestra economía, en la salud, en la educación, la igualdad y el desarrollo social, por lo que es una pieza clave para la construcción de un futuro mejor para todos/as. Sin embargo, en los últimos años, las malas prácticas de producción, el desperdicio de la comida y las guerras han contribuido a la escasez de alimentos. El hambre frena el desarrollo humano; por tanto, si esta grave problemática no se resuelve no podremos lograr los ODS.


¿Cómo podemos contribuir desde las aulas para lograr el “hambre cero”?


Desde el aula, se puede contribuir a lograr las metas de este objetivo. Para ello, resulta prioritario que el profesorado enfoque su docencia en el desarrollo de competencias. Esto se ha de traducir, concretamente, en un proceso de reflexión sobre la realidad y en promover la adquisición de habilidades básicas vinculadas con la sostenibilidad, como el compromiso, el pensamiento crítico y sistémico, el trabajo colaborativo, la curiosidad y la creatividad, la responsabilidad y la capacidad de tomar decisiones oportunas y pertinentes.


La mala alimentación en la infancia puede tener graves consecuencias en el futuro desarrollo de la persona, por lo que es necesario promover una nutrición saludable en la niñez. Hay materiales que se pueden utilizar en la Educación Primaria para integrar el ODS 2 en la docencia; por ejemplo, cuentos que sensibilizan sobre la escasez de agua y pan para los refugiados de la guerra, que promueven el conocimiento de países como Etiopía conocidos por las sequías y el hambre, y relatos que crean una conciencia solidaria sobre la lucha contra el hambre y la pobreza mediante al acercamiento a realidad cotidiana en Malí (El Sueño de Hanna).


La educación puede motivar cambios en el estilo de vida y hábitos alimenticios en el hogar, escuela y en la comunidad. Igualmente, puede fomentar el apoyo a los mercados locales y prevenir el desperdicio de alimentos. Los/as adolescentes pueden participar en las distintas plataformas de las redes sociales para concienciar a otros/as jóvenes sobre la importancia del ODS 2.


Gladys Merma Molina

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